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LA TORMENTA

Aprendí a no esperar los finales felices, a buscar la felicidad en el camino. Tu y yo disfrutamos nuestros buenos pedazos....


Recuerdo esas mágicas tormentas de verano, en casa de la estirada de tu madre. Esas sí que eran … ¡¡Barrían la calor y el churre de calles, tejados y fachadas!! No tengo claro que disfrutaba más, si la tromba de agua o sacar del paso a esa blanca equivocada que te engendró. Le daba Changó y Yema ya vernos bajar los peldaños de dos en dos, de cuatro en cuatro, atravesar el portón y perdernos entre las callejuelas, saltando charcos, chapoteando, gritando como posesos, con Tomasín, el hijo de Gladys, pegado a nuestros talones ¡ATu mamá cogía un insulto! En décimas de segundo dejaba atrás sus exquisitos modales y se transformaba en una chancletera más de Centro Habana. Sus gritos hacían temblar a la cuadra entera:


- ¡¡Estela, subeeeee vas a enfermar!!


- Adrian, hijo ¡Tus zapatos! ¡Costaron una pila de pesos para que estés en esa gracia!


- ¡Gladyssssss, saca al loco de Tomasín del chorro y quítale el uniforme!


Quizás las cosas no se valoran hasta que se pierden. Quizás nadie descubre el secreto de su felicidad hasta que se evapora.

HUECOS_Susana Monís




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