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EL ABRAZO

La sentí tan rota y tan preocupada, que necesité ese abrazo de los que no sólo te estrujan el cuerpo, sino que reconfortan el alma, de los que generan una conexión que no se puede expresar con palabras.


Y conforme ella me abrió sus brazos, yo me dejé querer y exploté en llanto. Un llanto con hipo, entrecortado, sobre brazos amigos, que no juzgaban, que sólo querían consolar ¡Que tontas las dos!… Si alguien nos hubiera visto. Juro que sentí que el destino me premiaba con su regreso…


Huecos_Susana Monís.




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