AMOR A MEDIDA

Actualizado: nov 14


¿Lo de INÉS Y YO?.... Una historia normal, quizás demasiado normal...


Nos conocimos en casa de Carlos y a la semana, coincidimos en el cumpleaños de Cheli, la prima de Ralf. Salía de una relación que me había dejado tocado . Inés era una morena bajita que no estaba mal y le abrí la puerta. Un par de cines, un concierto y nos hicimos pareja. No se lo que Inés vió en mi.... Quizás era lo menos malo de lo que en ese momento conoció, o el escalón más cercano al planeta donde deseaba vivir. Ninguna de esas razones tenía el peso suficiente para unir vidas, pero lo cierto es que el tiempo vuela y cinco meses después nos invitabaron a la fiesta de cumpleaños de mi hermano mayor.


Curioso...Dos hermanos, dos formas de vivir... Yo era el bohemio de la familia, la oveja descarriada, y él un triunfador, que usaba cualquier excusa para organizar grandes fiestas que a su vez le proporcionaban contactos de altura, que le ayudaban a seguir creando su imperio.... A ese maestro de las finanzas le debía todo, El me crio cuando murió mamá. A mi me hubiera encantado una fiesta en petite comité, pero con Julio era imposible. Disfrutaba con esa exhibición de magníficos y bellos pavos reales.


El ambiente succionó a Inés, quien brillaba más en esos ratos que en nuestras rutinas. Dos minutos después de estar dentro, sentí que me asfixiaba, y con la excusa de dejar los cascos de la moto, me escaquee. Conforme subía a mi habitación -porque aún tenía habitación en esa casona- vi que mi morena de grandes ojos y facciones extrañas, ocupaba el puesto de cuñadísima y agarrada del brazo de la mujer de mi hermano se zambullía en la fiesta. Conté cuatro camareros enfundados en blancos uniformes y un centenar de invitados. De forma inconsciente busqué mi cámara que, con las prisas se había quedado en casa. Hubiera muerto por tirar aquel fotón



 Hombres de mediana edad, formaban una pasta homogénea con abundantes tropezones de rubias, morenas, pelirrojas, envueltas en trajes cortos o largos, con melenas al viento o hermosos recogidos.  Cada cual substanciaba un guiso que a los ojos del mundo era una auténtica “delicatesen”, del que yo, aún cociendo en la misma cazuela, no sentía formar parte. 



Al ir a dejar los cascos, me mire en el espejo de mi habitación que me devolvió mi caricatura. Me acomplejé. Era patético, sin mi cámara y embutido en la ropa que Inés había elegido. Me agobie y mucho...si seguía cediendo, terminaría luciendo el look de ellos, hablando como ellos, sintiendo como ellos, así que hice lo que seguramente tocaba hacía tiempo.....Me aflojé el nudo de la corbata volvi a coger mi casco y a bajar las escaleras. Ni Inés ni nadie notaron mi marcha. Sin hacer ruido volví por el sendero de abetos. Mi moto me esperaba fuera. Nada más meter la llave, arrancó, Ella nunca fallaba….


Y marché en busca no sólo de mi cámara de fotos, sino de mi vida, esa que había dejado aparcada desde hacía tanto tiempo. En la radio sonaba REBAJAS DE ENERO un tema de Sabina que parecía preparado para la ocasión...


Pisé el acelerador mientras cambiaba el tema, NEGANDOME A QUE FUERA LA BANDA SONORA DE MI VIDA. Entonces respiré, y dejé de atragantarme con la vida.




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