SABIDURÍA DE BRUJA

Actualizado: sep 11


"...— ¿Es Vd. Estela?…, ¿la pitonisa?   –exclamó con incredulidad.


Su saludo era formalmente correcto, pero sus pausas expresaban el desconcierto que callaban las palabras.  Todo él  estaba impregnado del frío y  el viento que ocupaban la calle. 

No pronuncié palabra.  Asentí con un movimiento de cabeza, sin molestarme en controlar mi gesto de enojo.   Sequé mis manos aún “perfumadas” por la cebolla  del asado y le tendí la derecha a modo de saludo.  El recién llegado respondió de forma automática, ajustando la intensidad del apretón a las normas del viejo manual, Conducta de los humanos del siglo XX.  Pero a los hombres había que leerles entre líneas… Eran mucho más complejos de lo que a primera vista parecían:


UNA COSA ERA LO QUE ELLOS DESEABAN MOSTRAR,

OTRA, LO QUE ELLOS MISMOS SABÍAN DE SI;

Y OTRA, BIEN DISTINTA, LA REALIDAD


Su verdad salió a la luz al estrechar su mano.  Me erizó el voltaje tan elevado de su carga negativa.  Aquel muchacho se estaba, literalmente, ahogando en  campos energéticos que yo visualizaba con claridad y, sin embargo, él, no se percataba.  Y es que a los humanos les enseñan desde niños a cuidar la cara y el cuerpo, pero no la mente.  Eso les hace tan vulnerables, tan indefensos… 


Miré de otra manera a ese chaval guapetón al descubrir en él a un enfermo.  Le devolví el apretón con la misma intensidad.  Abandoné mis especulaciones,  a veces yo misma sacaba las cosas de quicio,  por un mínimo detalle me dejaba llevar.  Le debía un análisis integral.  

Recordé las enseñanzas de tía Nora.  Ella le daba mucha importancia a que aprendiéramos a descifrarlas.  Me vinieron a la mente sus palabras: 


Los humanos NO se conocen a sí mismos.  Se quieren demasiado para descubrir sus defectos y miserias.  Pero las huellas del tiempo no mienten.  Son las marcas que van encauzando su futuro.  Léelas y sabrás de ellos más que ellos mismos. 

Me apasionaba estudiar con tía Nora,  aplicaba unas técnicas, tan precisas como objetivas, nunca  encerraban engaños.   Y es que los ojos, manos, arrugas, tics nerviosos de cada persona eran fruto de sus angustias y alegrías pasadas.  Aprender a leerlos significó un auténtico reto, porque esas marcas delataban su presente y eran signos del futuro, ese que mis clientes, erróneamente, creían ya escrito y me consultaban como una realidad a asumir. Recordaba con claridad las palabras de mi maestra:


Creer que NO tienes arte ni parte en el desarrollo de tu existencia es el error más grave que puedes cometer con tu propia vida, y a la vez el más frecuente.  

¡Cómo cambiaría el mundo si los humanos dejaran de sentirse sujetos pasivos de su propia suerte!  

Coger las riendas de su  vida es el reto más importante que enfrenta todo ser. 


Estela, Una Bruja de Tres al Cuarto

LOS TESOROS DE MI VIAJE









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