RAYOS Y TRUENOS

Al mirar aquella foto, sin proponérselo, Sofía dio un salto en el tiempo y se halló cara a cara con sus años rebeldes. En sus tímpanos resonaron las fuertes voces con las que los adultos intentaban doblegarla. Nunca llegó a entender ese interés de los mayores por elevar el tono de las conversaciones, como si quien más chillara más razón tuviera. Y peor era cuando se daban cuenta que la razón se inclinaba hacia tu lado, y te mandaban callar y si rechistabas, salían con:



LO HACES PORQUE LO MANDO YO Y PUNTO!!   


Sofía NO soportaba esa prepotencia. Su abuelo era la excepción...


Nunca le gritó. La conocía demasiado bien.. Despacio, muy despacio se dirigía a ella. Parecía estar viéndole :

¡Mocosa, te crees en posesión de toda la verdad y no levantas ni un palmo del suelo!

Siempre le llamaba "mocosa" cuando la regañaba. Curioso el tiempo, lo que antes tanto la molestaba, ahora le hacía sonreír con ternura. Y es que amaba al abuelo, hasta sus cabreos le resultaban especiales... Eran como las tormentas en La Blanca, breves pero intensas. Y a pesar de ser los dos igual de tercos, sin saber el cómo, al final, siempre brillaba el sol. No existían rencores, ¿Cómo podrían existir?. El Viejo miraba por los ojos de su nieta. Ella era la suya, siempre utilizaba el posesivo cuando hablaba de SU nieta. Nada de artículos indefinidos, nada de vanalidades para definir su relación. Sofía era SUYA, Había heredado de él su verbo, sus sueños y su calenturienta imaginación.


Y para ella igualito... El no era un abuelo cualquiera, era SU abuelo. Establecer vínculos en una relación era fundamental. En eso siempre estuvieron de acuerdo y, como el viejo la enseñó:,



“No son importantes las personas, sino los VINCULOS generados.  Nos atan corto a la tierra y también a la vida

.”




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