MALDITOS APAGONES

Actualizado: hace un día

2006_Pleno agosto. La Habana disparaba chorros de aire caliente obligándonos a luchar contra un insomnio que invadía hogares y saturaba noches. Puertas y ventanas se abrían de par en par,  luchando las condiciones necesarias para que el sueño regresara y se instalara de forma permanente. Mientras penetraba el aire y refrescaba el ambiente, jóvenes y viejos, en pasillos o puertas de las casas, ponían buena cara a la noche. Chascarrillos susurrados en penumbra, chismes de la cuadra, chistes de pinareños, salían de sus bocas, hasta que el cansancio se convertía en el amo de la noche. La madrugada rendía a los rezagados. Difícil comprender cómo esa gente, al día siguiente, levantaba al llamado del estridente despertador, y luchaba por  un nuevo día, enfundándose los uniformes de trabajo y la mejor de sus sonrisas. En las casas, funcionando a todo gas, ventiladores prehistóricos, construidos con el motor de lavadoras rusas, competían con otros más modernos.  Los más dichosos, gozábamos la suerte de tener un aparato de aire acondicionado.  El mío hacía un ruido de madre, pero,  con él, hasta los pingüinos pasaban frio .


Los apagones en agosto golpearon  fuerte La Habana.  En casa  tumbaron  ventiladores, aires y todo aparato eléctrico.  Calor, insomnio e impotencia me asaltaron, mientras mis máquinas, que no estaban preparadas par enfrentar bruscos cortes de luz, se resentían del maltrato. El primero en caer fue mi teléfono inalámbrico; el lunes, el televisor, nuevecito de paquete, empezó a dar bateo, y en el apagón de la mañana del sábado, se me fue  El "freezer".  Curiosamente, habíamos marchado a la playa el fin de semana a despejar, saturada por un cúmulo de problemas que formaban parte de las singularidades de una tierra que vivía en el Paleolítico, fuera de la órbita en la que se movía el resto del Universo y que saprofitaba mi energía. ¿Cuántos cortes de luz había vivido yo en Madrid?  ¿Cuántas colas había sufrido en mi barrio buscando huevos, pan, patatas o cebollas? ¿Cuántas veces había tenido que bañarme a cubos o estar pendiente del día de agua para llenar los tanques? ....  El desgaste era tremendo.  En Madrid todo resultaba  millón de veces más fácil.  En ese instante moría por un servicio técnico que que me cambiara la pieza rota por la nueva y no tuviera que adaptar las piezas de un viejo freezer americano, o pedir a un amigo que me la comprara en Europa y , que cuando pudiera, me la trajera. Moría por abrir el grifo y que saliera agua sin preocuparme si el tanque estaba lleno o si hoy era día de agua.  Moría por volver a guisar con aceite de oliva, extrañaba el jamón serrano, la carne tan rica que quita cualquier mal y esa pescadilla rebozada espectacular que hacía mi mamá. Se me hacía la boca agua de sólo pensarlo.  . 


Al regresar a casa, me quité la ropa y me metí directa en la ducha.  El chorro de agua y el jabón hicieron desaparecer rápidamente la peste a pez muerto.  Me eché el tanque de agua completo, sabiendo que hoy era miércoles y entraba el  agua, sabiendo que sentirse limpio era un auténtico privilegio y que las cosas, después de un buen baño, las vería más claras.



Fotografía Jorge Oller_. Festival de la Juventud_La Habana (Cuba)


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