LINDA- HOUSE

Actualizado: 25 jul


Linda-House, ése trozo de mi Habana que me niego a perder

Siempre consideré los viernes el mejor día de la semana, pero esos, en concreto, fueron especiales.


Conforme daban las cuatro sabía que tú estabas esperándome. Salía de la oficina envuelta en ilusión, despidiéndome de todos, para ir, como una bala al parqueo en busca de tu inseparable lada azul. Tu ya me estabas esperando, al verme encendías motor y yo montaba en el carro, sabiendo que de ahí a la luna había una distancia chiquita. Con la música como tercer pasajero, ponías el piloto automático hacia la panadería de Línea con Paseo, para nosotros la mejor dulcería de La Habana . Siempre fiel a nuestros gustos, apostábamos sobre seguro: Cuatro señoritas, dos de crema y dos de chocolate, y continuábamos camino hasta llegar a Linda-house, donde se paraban los relojes.


En esa casa aprendí que en la vida, además de obligaciones, había ciertas licencias, donde se pausaba el tiempo y se construían los sueños. Esos momentos eran tan nuestros...Dejábamos dentro del Lada los problemas cotidianos. y entrábamos en una casa que nos bañaba de una energía espectacular. .En la terraza, entre pasteles y el más rico café que yo he tomado nunca, a ritmo de buenas risas y charla inteligente, invocábamos sueños y nostalgias. Ellos eran los protagonistas de todas nuestras conversaciones. Y aunque no conseguíamos arreglar el mundo, si limpiábamos dolores y remendábamos ilusiones.


El último viernes antes de mi regreso a Madrid, conforme me despedía y cerraba la puerta del carro supe que pocas cosas extrañaría tanto de la Habana como esas tardes de café. Recuerdo que tú conducías en silencio. Mirabas de reojo como apretaba con fuerza, entre mis dedos, el regalazo de La Mima: Un trapito de ganchillo, cuadrado hecho por ella.


Cuatro años hace que marché. Quien me haya visitado en Madrid habrán podido ver en mi salón aquel trapito que no se empaquetó en cajas con el resto de la mudanza. Viajó en la maleta de mano, conmigo, porque lo vivido siempre ha de tener un lugar especial donde se cuece el presente, y Linda - house es un trozo de mi Habana que me niego a perder.


Susana Monís




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