Ensayo y error


No se equivoca el pájaro que en el primer vuelo cae al suelo,
se equivoca quien por temor a caerse RENUNCIA a volar y se queda en el nido.

Un día el azar tocó mi puerta y me ofreció la oportunidad de conocer la Otra cara del mundo. En mi ignorancia, troqué el significado de viajar con vivir intenso, y, sin pensarlo, me enganché a la osada oferta. Deseosa de conquistar nuevos reinos, pegué un cerrojazo a mi planeta…

Llevada por las prisas o quizás por el pánico, no dediqué tiempo a escoger mi equipaje. De un tirón hice maletas. Saber elegir es un arte, tal vez uno de los más difíciles de aprender y yo lo descuidé. Entre mis ropas viajaron grandes dosis de ilusión y miles de expectativas, pero atrás quedó Sofía, segura de que en mi nueva vida semejante compañera no tenía cabida. Estaba convencida de que la responsabilidad del puesto requería una persona seria y madura… Tremendo error, equivoqué seriedad y madurez con apatía. Sofía era tan especial que no habitaba dentro de quien no la valorase. Sin gestos bruscos ni amargas despedidas, nos separamos. Desapareció de mi presente y quedó anclada con broche de oro en el ayer.


Y aterricé de bruces en La Habana…, anochecía, pocas luces la alumbraban. Su ritmo era pesado, triste, la humedad del aire tremenda, su olor diferente... Me esforcé en recordar las ventajas del cambio: buen trabajo, bien remunerado y en una ciudad de ensueño. Sin embargo, lo que mi mente razonaba, mi corazón no lo sentía. El miedo pegó estómago a riñones. Lo achaqué al viaje y, no queriendo darle más vueltas a mi propia incongruencia, dejé que la vida tomara curso.

Pocas semanas después, me inserté en la maquinaria laboral. Tuve suerte. La empresa me había reservado para el primer año un apartamento amplio y luminoso; incluso me pusieron en contacto con Luisa, quien me ayudó desde el principio con casa, cocina y ropa. Yo me dejé querer...


La Magia de la Otra Cara del Mundo




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