EL REGRESO DE MI MAESTRA

"...Daniela me dió mi primer abrazo al regreso. Salía del almendrón cuando la vi correr como una bala hacia mi. Imposible no reconocerla... Era una copia actualizada de su abuela. Vivía con ella en La Colmenita, un edificio que había frente a la casa . Gladys era un alma inmensa, metida en un pomo chiquito. Tan generosa como graciosa era una de mis mejores amigas. De las históricas, la única que me quedaba. La adoraba. Su carta de presentación era una eterna sonrisa que se hacía indispensable allá donde fuera. Siempre fuimos complementarias: Su tranquilidad con mi locura; su capacidad de escuchar con la mía de sociabilizar; su sonrisa tímida y encantadora frente a mi carcajada abierta y atronadora.


La nieta de Gladys se encargó del equipaje, mientras yo despedía al taxista, y luego me ayudó a llevarlo a la casa. Al introducir la llave en el yale no pude contener los nervios. Se me aguaron los ojos y me temblaron las manos. Dos años fuera, que a mi edad era toda una vida.... ¡Cómo había extrañado esa casa, una auténtica caja de nostalgias!....Daniela se percató y , sonriendo, intentó suavizar el momento abrazándome mientras echaba la culpa al óxido de mi torpeza con la puerta. Empecé a derramar lagrimas, pero de felicidad, me había hecho de hielo para sobrevivir en esas tierras frías, pero volver a sentir el calor de mi gente estaba haciendo que fuera descomprimiendo ¡Diosssss, como extrañaba esa melosidad nuestra, ese mimo hasta por gusto, ese querer ayudar, compartir.!! La nieta de Gladys era una auténtica maestra en el arte de hacerte sentir bien, con esa dulzura muy de mi amiga. Cuando me sintió calmada me soltó y me pidió la llave. Le costó, pero abrió. Marchó, sólo cuando me sintió acomodada. Dijo adiós en el momento que entraba Jesús el vecino de al lado a presentarme a su nieto. Lo cargué nada más verle


¡ Cómo me pude perder los 14 meses de esa preciosidad!-., pensaba mientras le acunaba


Danny. se despidió prometiendo volver y lo hizo.... Por la tarde, acompañó a Gladys a la casa. Yo había conseguid queso fresco y café de la bodega, así que desempolvé las tazas de café. Las lavé bien mientras mi amiga y yo nos quitábamos la palabra la una a la otra, en la misma dinámica de siempre. Volvía a estar en casa!! Gladys me había hecho un pomo de dulce de coco ¡Tenía una mano para los dulces!! Con la excusa de la merienda, embadurnarnos el tiempo con nostalgias y risas a partes iguales. Creo que la intención de Daniela fue dejar a su abuela conmigo y luego venir a recogerla, pues las piernas de mi amiga estaban torpes, y los kilos que soportaban eran muchos…. Pero, cuando se reencontró con mi piano, decidió quedarse y tocar. Seguía siendo buenísima, ni desafinado, que lo estaba, le quitaba su arte.


Ese fue mi primer día de una vuelta que regresó a la vida....Gladys y Daniela venían todos los días a la casa. Entre ellas y las vecinas me convencieron de que vieja y oxidada se puede seguir dando guerra. Me pedían que aprovechara mi inglés fresquito, recién llegado de Canadá. Yo, con ganas de volver a ser útil y llenar la casa de risas, terminé montando, en ella, una pequeña escuelita.


Fue abrír la matricula y lloverme niños, más que una lluvia fue una descarga aplastante, de las que, al verlas llegar, tu primera intención no es afrontar, sino protegerte. La mayoría eran hijos de antiguos alumnos. Aquello elevó mi autoestima a límites insospechados. Enseguida formé un grupo con las primeras solicitudes. Quería morir con las botas puestas, pero nada fue como soñaba...


No lograba hacerme con un grupo que había fagocitado hasta mi nombre: Para ellos era “LA” Teacher.Sin embargo, Daniela, entrando por la puerta, me llamó Sara, la maestra Sara. Llegó en el momento exacto, cuando me consumía repasando inglés a una muchachada que plegaba sus voluntades a un líder. Nada que ver con mis alumnos de infantil.. El más problemático era un pecoso, grandón, falta de respeto, que, ni bajo el agua, se callaba. Aquel payaso, mago en revolucionar el gallinero, se negaba a aprender. Nunca traía las tareas hechas y llegaba tarde a unas clases, que no le interesaban, y de paso, consiguió que nadie de su grupo pudiera apreciarlas..


Nada más llegar Daniela al grupo, consiguió que las cosas cambiaran..."

A CUATRO MANOS_ Susana Monís



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