MORIR EN VIDA

"...No te puedes imaginar lo mal que lo he pasado… Me consumí... Tal y como te cuento: En la primera semana bajé 5 libras. Era un dolor… como si me hubieran amputado un miembro, una pierna, un brazo… Me mordía tu ausencia y la desquiciante falta de noticias. Una asquerosa sonsera taponó mi vida y me travestí en un anodino cadáver andante.


Mi mundo se redujo a casa y escuela. El grupo de muchachos era bueno y se convirtió en mi refugio, mi paz, pero era regresar a nuestro apartamento, la desgana y apatía asfixiaban mi ánimo. El insomnio, o tú, tú o el insomnio -en definitiva, el huevo o la gallina- fueron culpables de que las ojeras fueran compañeras cotidianas del desayuno; del color neutro de mis días, de que desgana, agotamiento y crispación anularan mi magia, esa que siempre prometiste proteger. Ni siquiera, pude refugiarme en escribir, pues al secarne yo, se secó mi tinta, aunque lo que más dolía era que no podía con Paula...Como era de prever, mamá Carmen asumió y consiguió que las risas de mi hija no se apagaran..."


Fragmento de "HUECOS" de Susana Monís




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